Porque las imágenes de la NASA y de los grandes observatorios no muestran exactamente lo que vería el ojo humano.
La mayoría se obtienen mediante largas exposiciones, que pueden durar desde varios minutos hasta muchas horas. Durante ese tiempo, los telescopios acumulan una enorme cantidad de luz que nuestro ojo es incapaz de percibir en una única observación.
Además, muchas de estas imágenes se crean combinando fotografías tomadas con diferentes filtros que permiten estudiar elementos químicos, temperaturas o fenómenos físicos invisibles para la visión humana. Posteriormente se procesan digitalmente para resaltar la información científica.
Una de las herramientas más importantes que utilizan los astrofísicos es la espectroscopía. En lugar de obtener únicamente una imagen, analizan la luz que emiten las estrellas, galaxias o nebulosas y la descomponen en un espectro, igual que un prisma separa la luz blanca en los colores del arcoíris. Gracias a ello pueden conocer de qué elementos químicos están formados estos objetos, medir su temperatura, su velocidad o incluso descubrir planetas alrededor de otras estrellas. En muchas imágenes, los colores no representan lo que vería el ojo humano, sino información científica que ayuda a comprender mejor el Universo.
Cuando observamos el cielo a través de un telescopio con nuestros propios ojos, vemos el Universo tal y como puede percibirlo la vista humana. Aunque los colores suelen ser mucho más sutiles que en las fotografías, la experiencia tiene un valor único: estás contemplando directamente la luz que ha viajado durante miles o incluso millones de años hasta llegar a tus ojos.
En nuestras experiencias también explicamos por qué vemos los objetos de una determinada manera y cómo interpretar correctamente lo que observamos a través del telescopio.