La nueva revolución de la astrofísica no está en los telescopios
El nuevo exoplaneta Gliese 12 b, a la derecha, y su estrella.Kuzuhara

La nueva revolución de la astrofísica no está en los telescopios

Cuando pensamos en los grandes avances de la astrofísica solemos imaginar telescopios cada vez más grandes, espejos gigantescos o instrumentos capaces de observar rincones del Universo que hasta hace poco eran inaccesibles. Sin embargo, una de las transformaciones más importantes de los últimos años tiene poco que ver con el tamaño de los telescopios y mucho con la Inteligencia Artificial en astrofísica.

Y es cierto. Basta con subir al Observatorio del Roque de Los Muchachos para comprobar que la tecnología que utilizan los astrónomos actuales parece sacada de una película de ciencia ficción. Pero algunos de los avances más prometedores no están ocurriendo bajo las cúpulas de los telescopios, sino en los sistemas capaces de analizar la enorme cantidad de información que estos generan cada noche.

Durante las últimas décadas los observatorios han mejorado tanto su capacidad de observación que han generado un problema inesperado: producen más información de la que los científicos pueden analizar manualmente.

Cada noche, telescopios repartidos por todo el planeta capturan imágenes de millones de estrellas, galaxias, nebulosas y otros objetos celestes. A esto hay que añadir espectros, mediciones de brillo, datos atmosféricos y observaciones realizadas durante años o incluso décadas.

La cantidad de información es tan inmensa que resulta imposible revisarla una imagen detrás de otra. Y es aquí donde entra en escena la Inteligencia Artificial.

Lejos de la imagen de robots sustituyendo a los científicos, la realidad es mucho más interesante. La Inteligencia Artificial se ha convertido en una herramienta capaz de encontrar patrones ocultos, detectar fenómenos raros y ayudar a los investigadores a comprender mejor el Universo. En muchos ámbitos, ya forma parte del día a día de la investigación astrofísica moderna.

GTC instruments evolution 2009 to 2030
GTC instruments evolution 2009 to 2030

Cuando el problema es tener demasiados datos

Durante gran parte de la historia de la ciencia el desafío era conseguir observaciones suficientemente precisas. Hoy, en muchos campos de la astrofísica, el problema es exactamente el contrario. Tenemos más información de la que somos capaces de procesar.

Imaginemos que queremos buscar una estrella que cambia ligeramente de brillo porque un planeta está pasando por delante de ella. O que intentamos encontrar una galaxia con características poco habituales entre millones de imágenes. Un ser humano puede hacerlo. Pero necesitaría muchísimo tiempo. Los algoritmos de aprendizaje automático son capaces de revisar enormes cantidades de datos en cuestión de minutos y localizar patrones que merecen la atención de los investigadores. No sustituyen a los científicos, pero les permiten concentrarse en lo realmente importante: interpretar los resultados y formular nuevas preguntas.

Buscando otros mundos

Uno de los campos donde la Inteligencia Artificial está demostrando ser especialmente útil es la búsqueda de exoplanetas. Los exoplanetas son planetas que orbitan alrededor de otras estrellas distintas al Sol. Actualmente conocemos miles de ellos, pero encontrarlos sigue siendo una tarea compleja. En muchos casos no observamos directamente el planeta. Lo que detectamos es una pequeña disminución del brillo de la estrella cuando el planeta pasa por delante de ella. El problema es que esas variaciones pueden ser extremadamente sutiles. Tan sutiles que pueden quedar ocultas entre millones de mediciones.

Los sistemas de Inteligencia Artificial han demostrado una enorme capacidad para detectar estas señales y ayudar a identificar candidatos que posteriormente son estudiados por equipos científicos. Algunos exoplanetas descubiertos en los últimos años jamás habrían llamado la atención sin estas nuevas herramientas de análisis.

Clasificando galaxias a una velocidad imposible para una persona

Otro de los grandes retos de la astrofísica moderna consiste en clasificar galaxias. Las hay espirales, elípticas, irregulares, en colisión o con núcleos extremadamente activos. Comprender sus diferencias ayuda a reconstruir la historia y evolución del Universo. El problema es que existen cientos de miles de millones de galaxias. Ni siquiera un ejército de astrónomos podría clasificarlas todas manualmente.

La Inteligencia Artificial puede entrenarse utilizando imágenes previamente identificadas por expertos y aprender a reconocer automáticamente las características de cada tipo de galaxia. Lo que antes requería años de trabajo puede realizarse ahora en cuestión de horas.

Agujeros negros, explosiones estelares y fenómenos raros

La IA también está demostrando ser una herramienta muy valiosa para detectar eventos poco frecuentes. Supernovas, estallidos de rayos gamma, variaciones inesperadas en estrellas lejanas o fenómenos asociados a agujeros negros pueden aparecer de forma repentina y desaparecer rápidamente.

Los sistemas automáticos son capaces de vigilar continuamente enormes bases de datos y generar alertas cuando detectan algo fuera de lo habitual. Gracias a ello, los telescopios pueden reaccionar con rapidez y estudiar fenómenos que hace apenas unos años habrían pasado desapercibidos.

¿Y qué papel juega La Palma?

La Palma ocupa una posición privilegiada dentro de la investigación astrofísica internacional.

El Observatorio del Roque de Los Muchachos alberga algunos de los instrumentos científicos más avanzados del planeta, incluyendo el Gran Telescopio Canarias, uno de los telescopios ópticos e infrarrojos más grandes del mundo. Cada noche, estos instrumentos generan información valiosísima para investigadores de numerosos países.

A medida que aumenta la capacidad de observación, también crece la necesidad de desarrollar nuevas herramientas para analizar todos esos datos. Por eso la Inteligencia Artificial se está convirtiendo en una aliada cada vez más importante en muchos proyectos científicos relacionados con la astrofísica moderna. En cierto modo, el futuro de la exploración del Universo dependerá tanto de los telescopios como de nuestra capacidad para interpretar la enorme cantidad de información que producen.

Una herramienta, no un sustituto

Cada vez que se habla de Inteligencia Artificial surge la misma pregunta: ¿podrá sustituir a los científicos? La respuesta sigue siendo no.

Los algoritmos pueden encontrar patrones, detectar anomalías o clasificar información a velocidades extraordinarias. Pero no entienden el significado físico de lo que observan. La creatividad, la intuición y la capacidad de formular nuevas hipótesis siguen siendo profundamente humanas. La Inteligencia Artificial no está reemplazando a los astrofísicos. Les está proporcionando herramientas que les permiten llegar más lejos que nunca.

Mirando hacia el futuro

La próxima generación de telescopios producirá cantidades de información aún mayores que las actuales. Proyectos científicos internacionales observarán el cielo con una precisión sin precedentes y registrarán millones de eventos cada noche. Todo apunta a que la Inteligencia Artificial desempeñará un papel fundamental en los grandes descubrimientos de las próximas décadas.

Quizá ayude a encontrar nuevos mundos potencialmente habitables. Quizá permita comprender mejor la naturaleza de la materia oscura. O tal vez contribuya a resolver preguntas que todavía ni siquiera sabemos formular. Lo que parece seguro es que la astrofísica del siglo XXI se escribirá gracias a la colaboración entre telescopios, científicos y algoritmos. Y algunos de esos avances seguirán observando el Universo desde uno de los mejores cielos del mundo: el de La Palma.

Próximamente: segunda parte

En la segunda parte de este artículo veremos ejemplos reales de cómo la Inteligencia Artificial ya está ayudando a descubrir exoplanetas, estudiar agujeros negros y analizar millones de galaxias en proyectos científicos internacionales.

Fuente interesante: IA según la ESA